Trabajo de PetrovAlexandre Petrov nace en Prehistokie, cerca de Yaroslavl (Rusia) en 1957. Ingresa en la escuela de Bellas Artes de Yaroslavl a la edad de doce años, y en 1976 ya forma parte del instituto cinematográfico VGIK de Moscú como dibujante, bajo la dirección de Ivan Ivanov-Vano. Allí, en 1981, comienza a trabajar en su primera película de animación.
En 1984 realiza La noche en colaboración con Vladimir Petkevich y en 1985, junto a Alexei Karaev, realiza Dobro pozhalovat (Bienvenido). A partir de estos dos filmes, Petrov perfecciona la maestría de su arte en la Academia de Guionistas y Directores al lado de los maestros de la animación Fedor Khitruk, Youri Norstein y Edward Nazarov. En 1988 trabaja en los estudios Armenfilm y Sverdlovsk.
Su primera película de animación, Korova (La vaca), en 1989, atrae la atención internacional por su talento y el empleo de su técnica única de pintura al óleo sobre vidrio iluminado desde abajo. Desde 1992 dirige su propia compañía, Panorama Animation Film Studio. Ese mismo año realiza Son Smechnovo Tcheloveka (El sueño de un hombre ridículo) y, en 1997, filma Rusalka (La sirena). En 1999 crea la película The Old Man and the Sea (El viejo y el mar), de la novela homónima de Ernest Hemingway, en formato IMAX (29.000 imágenes en láminas de cristal) y gana el Oscar al mejor cortometraje de animación en el año 2000. Recientemente acaba de estrenar su último trabajo: Moya lyubov (Mi amor).
Generalmente dedica a cada obra un período de elaboración de varios años, dada la complejidad y minuciosidad de la técnica que emplea. Como director, Petrov sólo trabaja las historias que le conmueven de un modo especial. No las juzga sino que se deja invadir por ellas y, aquella que le cautiva en un momento determinado, la lleva a cabo. Curiosamente, en dos de ellas ha tomado como modelos a su hijo (en el cortometraje La Vaca) y a su suegro (en El viejo y el mar).
Explicación de su técnica de pintura al óleo animada:
Alexandre Petrov ha realizado sus obras desarrollando una técnica de animación única, en la cual pinta con óleo sobre cristal, utilizando diferentes cristales para crear sensación de profundidad (multiplano) en aquellas secuencias que lo requieren. Para pasar de una imagen a otra, dibuja primero con una punta la silueta algo modificada de aquello que quiere animar. Después, borra la forma previa y construye la nueva. Captura ese frame y pasa al siguiente. Como cada frame se emborrona a medida que se suceden los dibujos sobre el mismo soporte, el primero siempre es más limpio que el último, así que suele trabajar sobre una misma imagen hasta lograr unos ocho frames aproximadamente. Después limpia el cristal y vuelve a construir un nuevo dibujo para trabajar los siguientes frames sobre él.
María Navarro Diego
Programadora y coordinadora de la Sesión Especial Alexandre Petrov.
Distribución: Coloraina Films.
Trabajo de PetrovFascinación es quizá la palabra que mejor define el estado anímico de quienes han tenido ocasión de contemplar el trabajo de este genio de la animación.
En las producciones de este singular artista conviven la literatura, la pintura y la música, orquestadas bajo la batuta del movimiento. Con referencias a Andrei Platonov (La vaca), a Dostoievski (El sueño de un hombre ridículo) o a Hemingway (en su penúltimo trabajo, El viejo y el mar), Alexandre Petrov nos sumerge en sus pinturas para transportarnos, con las yemas de sus dedos, por una experiencia sensorial y emocional única.
Nacido en 1957, inició su laureada carrera en Moscú en 1981. Sus comienzos en la dirección artística sirvieron para apuntalar los cimientos de una narración visual de factura exquisita, cuya cuidada planificación se deja entrever ya en sus guiones gráficos (storyboards).
Haciendo uso del óleo como instrumento plástico y de la animación como vehículo narrativo, Petrov construye imágenes con sus propias manos, pintando con sus dedos manchados sobre cristal retroiluminado lo que antaño se hiciera sobre lienzo. Las pinturas resultantes de tan minucioso proceso son fotografiadas para ocupar un minúsculo y decisivo lugar en la secuencia de 24 imágenes necesaria para completar un segundo de tiempo en pantalla. Todos estos cuadros, perfectamente orquestados y ejecutados, están bañados por un realismo y un lirismo expresivo que subrayan la naturaleza propia del óleo. Sus cualidades y texturas se fusionan en movimiento como una ensoñación, mostrando a contraluz una riquísima gama de matices.
La pintura inmóvil se transforma, fluye sinuosa y mimetiza una realidad viva. El tiempo aglutina los pigmentos y les dota de movimiento, permitiendo las transmutaciones que van dibujando la historia.
Petrov es el movimiento hecho óleo; un Miguel Ángel de lo efímero, capaz de crear y destruir 29.000 pinturas sobre un cristal durante tres años, de las que sólo él y el perenne ojo de la cámara de filmación pueden dar fe.
Todas esas obras singulares, fotografiadas pacientemente antes de desaparecer, son el magnífico legado artístico recogido en sus cortos.
Gonzalo Miralles
Crítico de Cine de Animación.