La Animación nació con el cine. En realidad surgió antes que éste y, desde
que adquiriese el carácter de industrial, no se han dejado de producir y
realizar películas de animación cada vez más complejas y con mayores
despliegues técnicos, gracias al uso de las nuevas tecnologías. Desde mi
punto de vista personal, quizá las mejores y más entrañables son las
producidas durante la primera mitad del siglo XX.
A lo largo de todo este período, si hubo una imagen, un líder indiscutible, sin lugar a dudas ha sido Mickey Mouse. Es más, a pesar del paso de los años y de la multitud de personajes animados que han ido adquiriendo notoriedad en los últimos tiempos, hemos de convenir que Mickey Mouse no ha perdido un ápice de actualidad y mantiene su carisma, su cercanía y afabilidad con el público infantil. Millones de niños han disfrutado de sus aventuras durante más de setenta años. Mickey Mouse es a la cultura popular, lo que la Gioconda a la pintura y al arte general, un símbolo. En este caso Mickey Mouse sigue reinando en el mundo animado sin que nadie le haga sombra.
Cuando de una forma gráfica y rápida nos queremos referir a la animación, sólo hay que dibujar un círculo y dos orejas. Es un símbolo internacional que permite identificar en cualquier parte del mundo que nos estamos refiriendo a dibujos animados.
El homenaje Animacor´06 se convierte por tanto en un merecido reconocimiento a un personaje al que la industria de la animación internacional le debe gran parte de su proyección y su éxito y ese es, sin duda, el ratón más famoso del mundo, Mickey Mouse.
Por su indudable aportación a la creación artística y al mundo de la animación, por el hecho de ser un clásico imprescindible al mismo tiempo que permanece siendo una imagen actual y moderna, creemos que Mickey Mouse reúne los requisitos suficientes para ser merecedor del homenaje Animacor´06.
Antonio Zurera.
Director de Animacor.
Mickey Mouse ese hombre, ejem…, ese ratón.
El mundo del dibujo animado está lleno de leyendas. Una de ellas nos cuenta que Mickey Mouse nació en un compartimento de tren cuando Walt Disney volvía de un viaje a Nueva York tras haber tenido una discusión con Charles Mintz, quien por entonces distribuía sus cortos. Había perdido la propiedad de su primera estrella animada, el conejo Oswald, y allí, en la soledad de su vagón, Disney decidió combatir su infortunio creando un nuevo personaje, un ratón travieso y aventurero llamado Mortimer Mouse. Poco importa que luego la mano de Ub Iwerks diese la forma final al personaje o que Lilian Disney, la esposa de Walt, le cambiase el nombre por el de Mickey.
Así son las leyendas y aún si le quitamos el aura épica a la historia, todavía nos queda esa tenacidad de un hombre dispuesto a construir un imperio a golpe de lápiz. Como resumió Walt en una ocasión, “todo empezó con un ratón”.
Cuando intento recordar el nacimiento de Mickey Mouse en mi vida, cuál es mi primer recuerdo del ratón, por qué fue tan importante en mi vida... resulta que no tengo ningún recuerdo memorable, de esos que quedan tan bonitos en las biografías, como el momento de la revelación que predestina el futuro de alguien. Nada de eso. Es como si Mickey hubiera estado siempre en mi vida, desde el principio, como un hermano que está ahí, a tu lado, pero cuya amistad no valoras hasta que creces.
Quizá la primera vez que vi al ratón fue en las páginas de los cómics. O a lo mejor hecho un muñeco de plástico. O tal mi primera vez en el televisor, en ese Disneylandia de los sábados por la tarde en blanco y negro donde Mickey guiaba la banda de música.
Sí que recuerdo la primera vez que vi a Mickey en el cine, en pantalla grande y sonido “estereofónico”. Fue Fantasía. Y con mis cuatro o cinco años, abrumado por la música, y aterrado ante la imagen de los dinosaurios luchando entre volcanes, Mickey en el aprendiz de brujo fue esa cara familiar y conocida a la que uno acude para alejar las pesadillas. Con el tiempo, Fantasía se convirtió en mi película favorita y probablemente el film de animación que más veces he visto en el cine.
Mickey se ha convertido en un símbolo y más allá de una imagen de marca corporativa, Mickey Mouse es para un animador el sueño elusivo de crear un personaje inmortal y querido por todos. Ya sea por el encanto pionero de sus primeras aventuras, del Mickey travieso y alocado de Plane Crazy con sus brazos de tubo de manguera, el verdadero primer Mickey animado mucho antes que Steamboat Willie –su primera aparición oficial–, o hacia el ratón de cara blanca en Magician Mickey, o su elegancia en The Little Whirlwind, rediseñado por Freddy Moore. Eso por no hablar de las interpretaciones gamberras que, desde Moebius hasta Andy Warhol, pasando por todo dibujante que se precie, se han hecho del personaje.
Porque Mickey ya no es de Disney, es del mundo entero. Y nosotros, los animadores de a pie, desde nuestra modesta mesa de dibujo, seguimos buscando nuestro Mickey Mouse personal.
Raúl García.
Director y animador.
Nuestro amigo… Mickey Mouse.
Siempre resulta complicado hablar, en tan poco espacio, de un personaje como Mickey. Un personaje que desde que protagonizo su primer corto en 1928, hasta nuestros días, significa tanto en todo el mundo, incluso para los que le atacan con insultos e improperios varios, ¡Por favor, Señores!, que sólo es un personaje animado y que como dijo su “colega” Jessica: “Lo han dibujado así”. Mickey está ahí, con nosotros, haciéndonos pasar momentos inolvidables desde nuestra infancia, con sus aventuras, unas más divertidas, otras más entrañables.
Tengo que confesar que siempre lo he querido, eso sí, compartiendo el cariño con Goofy, otro de mis personajes favoritos. En mi caso, como profesional, siempre soñé con dibujarlo en alguna película, hasta que lo conseguí en 1994, en París. Pero lo más impresionante es ver el rostro de los niños cuando ven sus películas, esa expresión feliz y maravillosa, que sólo un niño es capaz de expresar, cuando todavía se es un niño. Luego viene la adolescencia y se olvidan de Mickey hasta que sensatamente se recupera la cordura (no siempre) cuando se es adulto y vuelven a encontrarse con ese “amigo” que siempre estuvo ahí, aunque ellos lo hubieran olvidado…Un amigo, que a los niños de hoy, (que apenas leen) les enseña un montón de cuentos clásicos que de otra forma no conocerían… Sólo por esto, ya merece la pena conocer a Mickey. No estaría mal que muchos adultos, que lo tienen totalmente olvidado, volvieran a encontrase con él, aunque sólo fuese un ratito, seguro que se sentirían mejor.
Desde el Steamboat Willie (primer corto sonoro, 1928) hasta Runaway Brain, pasando por El sastrecillo
valiente, Las judías mágicas e innumerables historias, Mickey no ha dejado de ser una “buena persona”,
tal vez por eso, a alguna gente, no les guste el personaje, o quizás es porque la realidad es mucho más
dura que la fantasía y es muy difícil hacer de “aprendiz de brujo” para que luego nada tenga arreglo porque
no tenemos a ningún amigo Mickey para ayudarnos …Ya sé, ya sé… que a lo mejor tendría que hablar de los
tópicos de siempre: que Mickey es un icono universal, que es el “ratón de oro”…que todo empezó con él, que
es el rey del merchandising, etc. (también se dice que Walt Disney está congelado y es mentira), pero me he
decantado por lo más sencillo que es su parte más entrañable y que es, al fin y al cabo, lo que más se
desconoce del homenajeado, ¿o no?
Desde aquí quiero unirme a ese homenaje que rinde Animacor a Mickey deseando que nos siga cobijando con su inmensa ilusión durante 100 años más y por favor…que no venga nadie con corbata a estropearlo.
Un beso para Córdoba, Animacor y a todos los que lo hacen posible, incluido Mickey.
Matías Marcos.
Animador.